Cuando los reyes magos aun existen: una mirada a la inocencia infantil.


Cuando los Reyes Magos aún existen: una mirada a la inocencia infantil

Por qué los niños creen en la magia y qué dice la ciencia sobre esa etapa que los adultos ya hemos perdido


Queridos lectores:

Estábamos Pepe y yo paseando por la plaza  Bib-Rambla, cuando la ciudad parece medio dormida.. después del jolgorio navideño.

Los puestos van desapareciendo, las luces se apagan y los balcones  quedan libres de muñecos colgantes que parecían competir por la mejor caída. Sin embargo, en los escaparates aún resisten los Reyes Magos, tranquilos, con su corona aquí, su camello allá, como si dijeran: “Sí, seguimos de guardia, aunque los adultos ya estemos exhaustos”.
Mira Pepe, aún aguantan. Menos mal que los niños todavía creen… porque si no, no sé cómo sobreviviríamos los adultos a tanto elfo revoltoso y tanto Papá Noel colgando de los balcones.
Pepe sonríe, lo justo para que se note que ha oído demasiadas veces esta queja.
-Eso que llamas agotamiento es, para los niños, una de las etapas más importantes de su desarrollo -dice, con esa calma suya que siempre anuncia “ahora voy a explicarte cosas serias”.
Lo que dice Pepe (y que, por suerte, es cierto)
Me explica que la inocencia de los niños no es solo “ser buenos” ni “ver el mundo de color de rosa”. Es una etapa cognitiva maravillosa: entre los 2 y 7 años viven en el pensamiento mágico. No distinguen del todo la fantasía de la realidad, no porque no puedan, sino porque su cerebro aún no está listo para desconfiar de todo.
-Confían -continúa Pepe. Confían plenamente en quienes les cuidan. Si les decimos que los Reyes existen, existen. Esa confianza les permite aprender, imaginar y disfrutar la vida sin miedo ni sospecha.
Y con eso, Pepe calla, dejándome espacio para reflexionar y, de paso, suspirar por la suerte de los adultos que aún podemos mirar con algo de asombro… aunque sea en secreto.

Mientras seguimos caminando, veo a un niño pequeño mirando los escaparates con los ojos tan grandes que casi no le caben en la cara. Señala un camello con el dedo  y exclama: -¡Mamá, los Reyes saben dónde vivo!


Ahí lo tienes. Esa confianza absoluta. Esa certeza sin necesidad de pruebas. Esa maravilla infantil que los adultos llamamos fantasia cuando en realidad es confianza pura. 
La Navidad, con sus luces, sus elfos, canciones y figuras de todo tipo, la amplifica y celebra. Los niños viven en un mundo de posibilidades infinitas donde no hay que calcular rutas, horarios ni explicaciones. Todo encaja, todo tiene sentido, y cualquier adulto que se queje del esfuerzo logístico debería tomarse un café y callarse un ratito.
Nosotros, los adultos, miramos de reojo, mientras decimos: “Qué estrés todo esto…”, y en realidad sentimos un pellizco. Nos quejamos de mantener la magia, pero nos entristece cuando se acaba. Curiosa contradicción humana: agotamiento + nostalgia.
Y así, entre escaparates y recuerdos, reflexiono sobre la transición inevitable: los niños crecen, empiezan a cuestionar, y esa confianza se transforma en madurez. Algunos se sienten un poco decepcionados; otros descubren la maravilla de pensar por sí mismos. La magia cambia, pero no desaparece del todo.
Tal vez esa es la lección que nos deja la Navidad: la inocencia no es un error que corregir, sino una etapa preciosa que vale la pena celebrar… y recordar con una sonrisa irónica.
Y mientras la ciudad vuelve a la normalidad y los Reyes Magos terminan su jornada en los escaparates, me pregunto:
¿Perdimos la inocencia… o aprendimos a desconfiar demasiado pronto?

Vuestra siempre, La Porrúa

¿Y vosotros? ¿ cuándo os disteis cuenta que los reyes no caben por la chimenea? ¿O aún miráis los escaparates con un poquito de envidia?

Contadme en comentarios, que me encanta leeros. 👇

-(Este artículo tendrá muy pronto su versión en podcast, por si te apetece escucharlo con calma)

Comentarios

  1. Tan simple y tan cierto,eres sabia porrua

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  2. Gracias… no es sabiduría, es parar un poco y mirar con calma lo que siempre estuvo ahí.

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  3. Mis reyes entraban por el balcón ja,ja.
    Toda la razón, siempre deberíamos conservar algo de inocencia.

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  4. 😊
    Sí, conservar un poco de esa inocencia nos hace mirar el mundo de otra manera. Gracias por tu comentario

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