Aullidos en el Darro: la generación que no quiso ser domesticada
Queridos lectores:
El otro día Pepe y yo caminábamos por la Carrera del Darro, disfrutando del rumor del agua después de tanta lluvia y del eco de los adoquines antiguos. Hasta que nos encontramos con un grupo de jóvenes que, entre risas nerviosas y concentración, saltaban, se agazapaban y se ajustaban colas y orejas —algunas caseras, otras sacadas de tutoriales virales de TikTok— como si aquello fuera un ritual ancestral improvisado en medio del paseo.
-Pepe, dime que es una despedida de soltera temática, susurré, un poco incrédula.
Pepe ni siquiera aceleró el paso. Miró la escena con la serenidad de quien contempla una nueva especie urbana.
-No, Porrúa, son therians.
Lo dijo con la misma naturalidad con la que otros dicen “son Erasmus”. Parpadeé, intentando procesar:
-¿Perdón?
-Therians, repitió, sonriendo. Jóvenes que sienten una identificación profunda con un animal. No es un disfraz de Carnaval; es identidad.
Miré de nuevo a los chicos: una ajustaba su máscara con gesto solemne; otra observaba el agua como si le jurara lealtad eterna al río.
-O sea, murmuré, que ya no basta con ser adolescente. Ahora además hay que ser zorro.
Pepe rió suavemente.
-Porrúa, en los setenta se teñían el pelo y rompían pantalones; en los noventa se vestían de negro y escuchaban música triste. Cada época encuentra su símbolo. El mecanismo es el mismo, solo cambia el animal.
Una identidad que salta a las calles
Nos detuvimos un momento junto al puente. Pepe, que siempre tiene un pie en la física y otro en la sociología, continuó con calma:
-No es algo inventado de la nada. Hay estudios, como los de la Universidad de Northampton, que lo vinculan a formas de construir identidad, a veces con neurodivergencia de fondo. Pero desde finales del 25 esto ha explotado en TikTok y ha pasado de foros discretos a las calles de toda España.
-¿Y se lían estas escenas en todas partes? pregunté, viendo cómo una de las chicas saltaba con una agilidad sorprendente.
-En Barcelona y Madrid ha habido convocatorias de miles de personas ,asintió. El problema es que el ruido viral atrae a todo el mundo: desde curiosos con el móvil hasta haters buscando bronca. Algunas han terminado en altercados y detenciones por desórdenes. Al final, lo que para muchos es una “quedada fantasma”, en redes se vende como el apocalipsis adolescente.
Suspiré, mirando el agua.
-Vamos, Pepe , dije, que lo que parece locura no es más que otra generación buscando sentido, pero esta vez con millones de visualizaciones y titulares de “alerta social”.
-Exactamente. No quieren dejar de ser humanos, Porrúa. Solo buscan un espacio donde no sentirse domesticados en un mundo que lo filma y lo juzga todo.
Cuando ser humano parece demasiado complicado
Volvimos a casa. Pepe, como siempre, se sumió en su mundo de física cuántica y libros, mientras yo , ya me conocéis, me dejé caer frente al ordenador con el café todavía humeante.
Después de todo lo que me había contado sobre los therians, había que digerirlo y ponerlo en orden… tarea nada sencilla cuando uno intenta entender a adolescentes que saltan a cuatro patas y se toman la cosa tan en serio, mientras las redes convierten cada salto en contenido.
Quizás por eso algunos buscan refugio en lo que no es humano. Los animales no juzgan, no esperan diplomas ni likes para sentirse completos; un lobo no tiene que justificar su presencia ante un algoritmo ni un zorro se pregunta si es suficiente.
Identificarse con un animal es, en cierto modo, reclamar un espacio propio donde se puede existir sin filtros ni permisos.
No sé si me hace más gracia o me preocupa más que alguien se tome tan en serio ser un zorro mientras yo sigo intentando descifrar cómo sobrevivir a los lunes en el trabajo, a los WhatsApps de los grupos y a cafés que se enfrían.
Pero basta mirar un salto o unas orejas puntiagudas para darse cuenta de algo: a veces, los que parecen más raros son los que nos recuerdan que ser humano ya es bastante extravagante.
Quizá el verdadero caos no sea su aullido.
Reflexión final de La Porrúa
Al final, quizá lo más honesto sea precisamente eso: buscar aunque sea disfrazado de zorro un hueco donde respirar sin que nadie te mida el molde.
Mirándolos saltar por el Darro, uno comprende que el verdadero caos no son sus aullidos, sino nuestra insistencia en llamar “normalidad” a este cansancio crónico de lunes y trabajo.
Quizás los raros seamos nosotros, que olvidamos cómo se siente el suelo bajo los pies.
Vuestra siempre,
La Porrúa
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Porrua tus reflexiones son siempre interesantes y sobre temas de actualidad. Y tú amigo Pepe debe ser un erudito en toda regla, sabe de todo, que tío!!!Yo , los therians lo oí el otro dia por primera vez, pero hablaban de Mexico, en fin, las chorradas siempre encuentran payasos imitadores. Hasta la próxima Porrua
ResponderEliminarGracias por tu comentario.
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