La Semana Santa que se come: Torrijas, tornos y el secreto de las monjas en Granada
Queridos lectores, imaginad la escena:
Pepe y yo bajamos por la calle San Juan de Dios, con ese aire que baja de la Sierra recordándonos que todavía es primavera a medias. Íbamos paseando cuando, al pasar por el Monasterio de San Jerónimo, vemos salir a unos chicos con su cajita de dulces en la mano, flipando como si les hubieran regalado el mundo.
Uno dice: -¿Pero tú te fías de esto? Yo pensaba que dejaba el dinero y no me daban nada.
Otro: -Pues yo tampoco me fiaba… pero oye, aquí estamos con la caja llena.
Y el tercero: Es que es rarísimo… pero mira qué bien huele, ¿eh? Esto está mejor de lo que esperaba.
Pepe y yo nos miramos y sonreímos. Él, con esa tranquilidad suya mientras se ajusta las gafas, me dice: “Porrúa, esto es la Semana Santa que se come”.
—¿La que se come? Venga ya, Pepe, ¿qué me estás contando? Explícamelo bien, que me has dejado intrigada.
—Pues mira, no todo es procesión y tambor. Durante siglos, la Cuaresma era ayuno serio: nada de carne, a veces una sola comida al día. La gente tenía hambre de verdad. ¿Qué hicieron? Se inventaron dulces con lo que había en casa: pan, huevo, leche, aceite, azúcar y miel. Todo para aguantar el tirón sin romper las normas.
Dulces que nacieron para aguantar (y terminaron conquistándonos)
-O sea, que comíamos dulce para no desfallecer… Qué lista la humanidad, ¿no?
Llegamos a casa y, como siempre ,ya me conocéis, sigo dándole vueltas a lo que Pepe me ha dicho y me pongo a investigar. Y resulta que sí: todo encaja. En nuestra Granada, la historia no se lee, se come.
Durante la Cuaresma:
Prohibido carne.
Ayuno “heavy” (una comida al día en muchos casos).
Hambre real.
Las monjas y las abuelas se pusieron manos a la obra con ingredientes permitidos y baratos. Resultado: dulces calóricos que te mantenían en pie.
Torrijas: pan del día anterior empapado en leche o vino, frito y con azúcar o miel. Aprovechamiento total + energía para el ayuno.
Pestiños: masa frita con miel, herencia árabe perfeccionada en nuestros conventos
Buñuelos: aire, grasa y azúcar para quitar el hambre rápido.
No eran “gourmet”. Eran necesidad convertida en vicio.
Las monjas: las que lo perfeccionaron todo
Dentro de los conventos granadinos, mientras fuera se ayunaba como se podía, ellas cocinaban en silencio. Probaban, ajustaban, repetían hasta que salía perfecto. Y luego: el torno. Das dinero, giras… y sale la caja. Sin caras, sin postureo.
¿Simbólico o práctico? La verdad sin postureo
Llegas pensando que todo tiene un significado religioso profundo: el huevo por la resurrección, la miel por la Tierra Prometida…
Pues no siempre. Uno llega esperando cruces, espinas y corderitos en cada ingrediente… y resulta que el huevo es básicamente porque en Cuaresma había huevos a mansalva y había que gastarlos antes de que se estropearan. Primero vino la necesidad —hambre + reglas estrictas—. Luego se le buscó el bonito significado:
Huevo → vida nueva.
Forma redonda → eternidad (o simplemente porque era fácil freír).
El simbolismo es el extra. Lo principal: aguantar el día.
De “para no morirnos” a “porque nos flipa”
Hoy nadie come torrijas para resistir el ayuno. Las comemos porque huelen a casa, saben a infancia y dan excusa para repetir. Ese olor a canela y leche frita que te despierta mejor que cualquier café… irresistible.
En mi casa era sagrado: olor a torrijas desde por la mañana. Yo pasaba un poco de ellas (sí, lo digo). Pero los roscos de azúcar… esos me los ventilaba a puñados. Hasta el clásico grito: “¡No cojas más, que luego te duele la barriga!”.
Éramos felices sin saberlo. Y sin mirar calorías. Pepe tenía razón: al final, todo tiene explicación. Yo solo añado: si una tradición lleva siglos endulzándonos la vida… ¿por qué no seguir repitiéndola?
¿Y tú? ¿Cuál es tu dulce irrenunciable de Semana Santa? ¿Torrijas con canela extra, pestiños granadinos chorreando miel o los roscos de tu abuela?
Cuéntamelo abajo en comentarios. Y si te ha dado antojo… ya sabes: busca un convento cerca, mete monedas en el torno y déjate llevar.
Si os ha gustado, compartidlo con ese amigo que se come las torrijas de dos en dos! 🥖🍯"
Vuestra siempre,
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Siempre sacando lo mejor de nuestra tierra, gracias Porrúa . Sigue, me encantan tus observaciones.
ResponderEliminarMis dulces favoritos de la Semana Santa , son los roscos.
ResponderEliminarMe llevan a mi infancia cuando en mi familia nos reuníamos en casa de mi tía y todos echábamos una mano para preparar estos ricos manjares!!!
Hija, yo tengo muy buena boca , a mí me gustan todos. Recuerdos?, Todos los de mi infancia viendo procesiones a altas horas de la madruga. Que divinos tiempos y que bueno estaba todo. Por decirte algo, mi favorito, el arroz con leche 😊
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