El negocio de la Luna: ¿en qué momento dejamos de mirar las estrellas para empezar a contar el dinero?
El negocio de la Luna: ¿en qué momento dejamos de mirar las estrellas para empezar a contar el dinero?
Queridos lectores,
La televisión del bar estaba encendida. Pepe y yo estábamos tomando un café, cerca del Parque de las Ciencias, cuando en mitad de las noticias aparece la imagen: la cápsula de la misión Artemis II volviendo a casa.
Hablan de astronautas, de la cara oculta de la Luna y de distancias que a mí me dan mareo solo de escucharlas. Y allí, en el bar, la gente bajó la voz. No por respeto reverencial, qué va, sino por ese asombro de quien ve algo que no termina de creerse.
Yo miré la pantalla, le di un sorbo al café y sentí un escalofrío que no era por el aire acondicionado.
-Pepe… yo no me subiría a una de esas cosas ni aunque me regalaran un cortijo en plena vega granadina, le dije.
Pepe, que no apartaba la vista del televisor, me dijo:
-Porrúa, esto es un ensayo. La de antes fue vacía, pero esta vez han llevado gente para ver si la cosa aguanta. Es por la seguridad.
-Ya, Pepe.,seguridad, le dije yo, una forma muy elegante de decir que vas metido en una lata de conservas a miles de kilómetros de la farmacia más cercana.
Después nos fuimos al Parque de las Ciencias. Allí todo está muy limpio y muy bien explicado, con niños señalando planetas como si fueran cromos de fútbol. Vimos una roca lunar en una vitrina. pequeña, gris y con menos gracia que un canto de río, pero la gente la miraba como si fuera la Virgen de las Angustias.
Pepe se quedó embobado con la maqueta de una nave.
-Mira qué ingeniería, Porrúa.
-Ingeniería será, Pepe, pero a mí me siguen dando sudores. ¿Tú te meterías ahí sabiendo que lo único que hay fuera es el vacío y el silencio?
Pepe sonrió.
-Depende de lo que busques allí arriba,me respondió.
-Pepe, últimamente todo en la vida “depende”.
Helio-3, minería lunar y el nuevo oro del siglo XXI
Seguimos paseando y entramos en la zona del futuro. El “futuro”, esa palabra que suena a promesa pero que siempre viene con letra pequeña. Empezamos a ver mapas de bases lunares y carteles que hablaban de “recursos cislunares”.
-¿Recursos qué?, pregunté yo, que ya empezaba a intuir por dónde iba la historia.
-Que quieren sacar cosas de la Luna, me aclaró Pepe. Sobre todo el helio-3. Dicen que es una energía limpísima que lleva allí millones de años esperando. Pero claro, para sacar un poquito hay que remover toneladas de polvo lunar. Minería, vamos.
Ahí me quedé muda. Me imaginé la Luna, tan blanca y tan quieta, llena de excavadoras y de robots haciendo ruido en un sitio donde nunca ha pasado nada. Una minería con nombre de perfume caro, pero minería al fin y al cabo. Y ya hay empresas haciendo cuentas, como el que mira un solar en la costa para levantar apartamentos.
-Pero la Luna no es de nadie, ¿no?,pregunté.
-Ese es el lío, dijo Pepe. No es de nadie, pero ya hay demasiados interesados. El papel legal está en blanco, pero las máquinas ya están calentando motores.
De la aventura al negocio: cuando todo empieza a tener precio
Salimos del Parque cuando ya refrescaba. Volvimos a casa. Pepe se puso con su libro de física cuántica, que parece que el universo le cabe mejor en los números que en las noticias, y yo me senté frente al ordenador con mi café. Y me puse a escribir, porque estas cosas, si no las suelto, no duermo.
Pensé que primero fue el mar, y lo llamaron aventura hasta que aparecieron las especias. Luego fue el Nuevo Mundo, y lo llamaron descubrimiento hasta que vieron el oro. Después el Oeste, y fue la “última frontera” hasta que llegaron las vías del tren y las escrituras de propiedad.
Y ahora le toca a la Luna.
Pienso que el problema nunca ha sido lo lejos que están las cosas, sino lo poco que tardamos en ponerles precio cuando la distancia deja de darnos miedo. La Luna lleva ahí arriba una eternidad sin pedirnos ni la hora. Y ahora hemos empezado a mirarla con ojos de contable. Con interés. Con cálculo.
Y me descubro pensando, muy bajito para no molestar a Pepe:
¿En qué momento dejamos de mirar las estrellas para empezar a contar el dinero?
Vuestra siempre, La Porrúa
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¡Qué razón tienes Porrua!
ResponderEliminarLa terrible ambición humana por el poder. 🌘🤑
Gracias por tu comentario. Sí, tienes razón: la ambición humana por el poder aparece una y otra vez en estas historias.
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