Cansados de no avanzar: la ilusión de estar ocupados
Queridos lectores:
En la mesa de al lado, en Plaza Nueva, el tiempo se escapaba entre los dedos. Tres personas, al menos cinco pantallas encendidas y ni una sola mirada compartida. Uno revisaba el móvil como si le fuera la vida en ello, otro aporreaba el portátil y la tercera saltaba de una pantalla a otra como quien huye de un incendio.
Observarlos era asistir a un extraño acto de ilusionismo: se movían mucho, pero no iban a ninguna parte.
Mucho movimiento, ningún avance
Íbamos de camino al Museo Arqueológico, bajo esa luz de Granada que parece no tener hora de llegada, cuando decidimos que el café era una urgencia. Pero la verdadera urgencia estaba claramente en la mesa vecina.
-Parece que tienen mucha prisa por no llegar a ningún sitio, murmuré.
Pepe levantó la vista de su taza, miró la escena un segundo con esa calma de quien ya ha visto de todo y dijo:
-Es que ahora la gente no trabaja, Porrúa. Ahora la gente está ocupada. Fíjate en ellos: están agotados, pero si les quitas los cacharros de las manos, no sabrían decirte qué han hecho de verdad en toda la mañana. Se mueven mucho… pero no avanzan. Como el que corre en una cinta: suda, pero sigue en el mismo sitio.
La frase se me quedó enganchada.
Pseudo-productividad: hacer sin avanzar
Aquella tarde, frente a las piedras del Museo Arqueológico, esas que llevan siglos allí sentadas, sin prisa y sin culpa, no pude evitar pensar que el problema no es la falta de tiempo, sino otra cosa más incómoda de admitir.
Por la noche, ya en casa, abrí el ordenador “solo un momento”. Y ahí empezó todo otra vez, seguro que les suena la historia: responder, revisar, cambiar de pestaña, volver a empezar. Una sucesión de pequeñas tareas que llenan el día sin llegar a completar casi nada.
Investigando un poco para ustedes, descubrí que le han puesto nombres modernos y sofisticados como pseudo-productividad, pero el fondo es sencillo: uno puede pasarse horas “haciendo cosas” y terminar con la incómoda sensación de no haber hecho nada de valor.
Lo curioso es que no se trata de trabajar menos, sino de no dejar de interrumpirse. La atención ya no se sostiene: salta. Y en ese salto constante se nos va quedando un cansancio extraño, como de haber estado en todas partes y en ninguna.
El arte olvidado de no hacer nada
Luego está esa otra sensación, más sutil: la incapacidad de quedarse quieto. Porque hoy en día, estar diez minutos sin hacer nada se ha vuelto sospechoso. Da casi vergüenza. Como si no hacer nada fuera una forma de estar fallándole al mundo.
Volví a pensar en aquellos tres de Plaza Nueva. Si uno de ellos hubiera cerrado el portátil y se hubiera quedado mirando el río un rato, los otros dos probablemente habrían pensado que le pasaba algo. O peor: que no estaba siendo “productivo”.
Y eso, hoy en día, parece ser lo único que no nos permitimos.
Ahora mismo entra por la ventana el ruido suave de Granada por la noche, que no pide atención ni respuesta. La ciudad sigue a su ritmo, sin necesidad de justificarse. Y sin embargo, uno siente que debería estar haciendo algo. Cualquier cosa. Aunque no lleve a ningún sitio.
Quizá haya llegado el momento de recuperar, aunque sea a ratos, el valor de no hacer nada. De mirar el río. De dejar que el pensamiento se asiente sin prisa.
Porque el tiempo no se pierde. El tiempo pasa. Lo único que cambia es cómo lo llevamos encima.
Y ustedes, queridos lectores, ¿cuántas pestañas tienen abiertas ahora mismo en su cabeza? ¿Cuándo fue la última vez que se permitieron el lujo de, simplemente, ver pasar el tiempo?
Vuestra siempre, La Porrúa
Como siempre, os leo en los comentarios.👇



La verdad es que el descanso es fundamental, no hay que estarnonligatoriamente 24 h sin parar, hay que empezar a aprender a burrise de no hacer nada
ResponderEliminar"El tiempo no se pierde, se pasa". Me encanta la frase. Los que somos manitas nunca perdemos el tiempo, es demasiado valioso, pero no por eso tiene que ser productivo. Sencillamente pasa.
ResponderEliminarQuizá el "Derecho a la Pereza" debiera empezar a tenerse en cuenta. Creo que nos iría mucho mejor. Me gusta este blog.
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